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El FMI reclama la cooperación mundial para enfrentar los desequilibrios económicos

Abordar los desequilibrios mundiales requiere cooperación, asegura Maurice Obstfeld, consejero económico y director del Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI), en un artículo en el plantea que los desequilibrios excesivos en general se mantienen sin cambios y están cada vez más concentrados en las economías avanzadas.

“Esa persistencia está alimentando tensiones comerciales entre los países”, sostiene el especialista, para quien la configuración de los desequilibrios no plantea un peligro inminente, pero si no se la atiende, “podría poner en peligro la estabilidad mundial más adelante”.

A continuación el documento, publicado en la página web de la institución:

Abordar los desequilibrios mundiales requiere cooperación
Por Maurice Obstfeld

Acabamos de publicar la última evaluación de los saldos en cuenta corriente de las 30 economías más grandes en el informe sobre el sector externo (ISE) de 2018. Estas evaluaciones constituyen un aspecto clave del mandato del FMI de promover la cooperación monetaria internacional y ayudar a los países a construir y mantener economías sólidas. Pretenden responder una pregunta difícil y a menudo polémica: ¿cuándo son adecuados los superávits y los déficits, y cuándo son indicios de riesgo? Antes de pasar a los resultados, es útil presentar el telón de fondo.

Para comenzar, los superávits y los déficits no son necesariamente problemáticos y bien pueden ser adecuados y beneficiosos. Por ejemplo, una economía joven y en rápido crecimiento necesita invertir para crecer; por ende, a menudo explota los recursos externos importando más de lo que exporta y se endeuda para cubrir el déficit implícito. Por el contrario, las economías prósperas y más establecidas posiblemente necesiten ahorrar a fin de prepararse para la jubilación de los trabajadores; por ende, mantienen superávits y prestan fondos a países deficitarios.

Sin embargo, los saldos en cuenta corriente pueden llegar a ser excesivos; es decir, más altos de lo que justifican los fundamentos de la economía y las políticas económicas adecuadas. Los desequilibrios externos excesivos—tanto déficits como superávits—acarrean riesgos para los países a nivel individual y para la economía mundial.

Al igual que los hogares sobreendeudados que pueden perder acceso al crédito, las economías que captan demasiados fondos del exterior incurriendo en déficits en cuenta corriente demasiado elevados pueden ser vulnerables a interrupciones repentinas de los flujos de capital que pueden resultar desestabilizadores no solo a nivel del país sino también a nivel internacional, como lo demuestra la larga historia de crisis financieras. Los países con superávits excesivos enfrentan otras dificultades; por ejemplo, el riesgo de invertir ahorros en el exterior cuando las inversiones internas podrían generar rendimientos sociales más altos. Además, se plantea la importante eventualidad de transformarse en el blanco de medidas proteccionistas lanzadas por sus socios comerciales.

El análisis de los desequilibrios externos es complejo de por sí; entre otras cosas, porque tiene que ser congruente a nivel mundial y los déficits excesivos deben ser la contracara de superávits excesivos. El ISE se centra en el saldo en cuenta corriente global de cada país y no en su balanza comercial bilateral con distintos socios comerciales, ya que esta refleja principalmente la división de trabajo internacional, más que factores macroeconómicos. Nuestro objetivo es alertar a los países miembros sobre los riesgos que podrían generar estos desequilibrios y poner de relieve la responsabilidad común de los países para abordarlos debidamente. Ese objetivo reviste una relevancia especial en la coyuntura actual.

Principales determinaciones sobre los desequilibrios excesivos

Habiendo disminuido tras la crisis financiera internacional, los superávits y los déficits de la cuenta corriente mundial se han mantenido relativamente invariables durante los cinco últimos años, en torno a 3¼% del PIB mundial. Nuestro análisis indica que aproximadamente 40-50% de estos saldos mundiales son excesivos y están cada vez más concentrados en las economías avanzadas.

En Europa del norte —en países como Alemania, Países Bajos y Suecia—y en algunas partes de Asia—en economías como China, Corea y Singapur—los saldos en cuenta corriente son más altos de lo aconsejable. Los saldos más bajos de lo aconsejable se mantienen concentrados mayormente en Estados Unidos y el Reino Unido.

La persistencia de los desequilibrios mundiales y la creciente impresión de que el campo de juego del comercio internacional no está nivelado están alimentando la vocación proteccionista. Se trata de un impulso equivocado. Una escalada de las políticas proteccionistas dañaría principalmente el crecimiento interno y mundial, sin producir demasiado efecto en los desequilibrios en cuenta corriente, tal como lo determina también el informe de este año.

Riesgos futuros

Si bien la actual configuración de los desequilibrios excesivos mundiales no plantea un riesgo inminente, proyectamos que, con las políticas planificadas, se agudizarán a mediano plazo y podrían terminar poniendo en peligro la estabilidad mundial.

La expansión fiscal programada en Estados Unidos probablemente incremente su déficit en cuenta corriente—la contracara del aumento de los superávits en el resto del mundo— y acelere la normalización de su política monetaria. El endurecimiento resultante de las condiciones financieras mundiales podría resultar desestabilizador para las economías emergentes y en desarrollo, sobre todo las más vulnerables que ya se ven sometidas a cierta presión.

Al mismo tiempo, las medidas limitadas adoptadas por los países superavitarios para corregir estos desequilibrios hacen pensar que esos superávits persistirán. Contra el telón de fondo de una concentración continua de déficits en los países deudores y superávits sostenidos en los países acreedores, las posiciones en activos externos netos continuarán divergiendo, incrementando la probabilidad de ajustes desestabilizadores de las monedas y los precios de los activos en los países endeudados. Esa eventualidad reduciría el crecimiento mundial y dañaría a las economías superavitarias.

Debido al riesgo de que el crédito externo se agote, los países deficitarios enfrentan más presión que los superavitarios para equilibrar sus cuentas internacionales. Pero cuando llegue el momento del ajuste, perderán tanto los deudores como los acreedores. El ajuste ocurrido después de la crisis financiera mundial constituye un recordatorio no demasiado lejano.

Esa es la razón por la cual los países superavitarios y deficitarios deben colaborar para reducir los desequilibrios mundiales excesivos de una manera que respalde la estabilidad y el crecimiento mundial.

¿Cómo subsanar los desequilibrios?

En la coyuntura actual en que muchos países se encuentran cerca del pleno empleo y tienen un margen de maniobra más limitado en los presupuestos públicos, los gobiernos deben calibrar cuidadosamente las políticas adoptadas para lograr los objetivos internos y externos, reconstituyendo al mismo tiempo los amortiguadores monetarios y fiscales. Concretamente:

– Los países con saldos de la cuenta corriente externa más bajos de lo justificado deberían reducir los déficits fiscales y promover el ahorro de los hogares, mientras la normalización monetaria avanza gradualmente.
– Si los saldos en cuenta corriente son más altos de lo justificado, el uso del espacio fiscal que exista puede ser adecuado para reducir los superávits excesivos.
– Las políticas estructurales bien adaptadas deben jugar un papel más destacado en la corrección de los desequilibrios externos, estimulando al mismo tiempo el crecimiento potencial interno. En general, las reformas que alientan la inversión y desalientan el ahorro excesivo —mediante la eliminación de obstáculos al ingreso o el fortalecimiento de las redes de protección social— podrían facilitar un reequilibramiento externo en los países con superávit excesivos, en tanto que las reformas que mejoran la productividad y la preparación de los trabajadores son apropiadas en países con déficits externos excesivos.

Por último, todos los países deberían cooperar para revivir los esfuerzos en pro de la liberalización del comercio internacional, modernizando al mismo tiempo el sistema comercial multilateral; por ejemplo, para promover el comercio de servicios, un ámbito en el cual los beneficios de esa liberalización podrían ser sustanciales. Esos esfuerzos podrían tener efectos pequeños en los desequilibrios excesivos en cuenta corriente, pero pueden causar efectos positivos profundos en la productividad y el bienestar, mitigando a la vez el riesgo de que los desequilibrios en cuenta corriente provoquen respuestas proteccionistas contraproducentes.


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