El pez loro y el rigor científico: ambos amenazados en RD | Diariode3

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El pez loro y el rigor científico: ambos amenazados en RD

Hemos visto la publicación repetida en varios  periódicos nacionales de un artículo en el que se niega la relación “del pez loro”  con la producción de arena. Desde SOS Ambiente RD tenemos varias precisiones que hacer al respecto, tanto técnicas como relativas a la falta de escrutinio de los medios locales a la hora de replicar contenido sin hacer el trabajo de contrastar datos.  

En primer lugar, debemos de hablar de peces loro puesno se trata de una sola especie; en el Caribe tenemos 14algunas entre las más abundantes de nuestros arrecif es de coralEn segundo lugar, el artículo dice sobre el pez loro que “sus aportes son tan mínimos, que en nada influyen en la formación de nuestras playas.” Aparte de no citar estudios que avalen esta conclusión tan tajante, el estimado dado por el mismo autor en el párrafo anterior de que el pez loro anualmente puede excretar hasta 100 kilogramos de arenas calcáreas” hace que esta conclusiónse caiga so la, si tenemos en cuenta su abundancia. En tercer lugar, el autor justifica su posición argumentando que desde antes de que surgiera la vida en la Tierra ya habían arenas gracias a la erosión fluvial y el oleaje actuando sobre las rocas.  Si bien es cierto que estos procesos erosivos mecánicos de rocas terrestres han creado y seguirán creando arenas a largo plazo (las playas próximas a la desembocaduras de los ríos Yásica y Ocoason un buen ejempo), esto no excluye que haya otras fuentes de arena, especialmente en sitios donde no hay ríos cercanos, como en las playas de Bávaro, Isla Saona y Bahía de las Águilas.  

Esta opinión del autor además ignora una rica literatura científica sobre el origen de arenas en zonas tropicales conarrecifes de coral, como es el caso de la República Dominicana. Estas publicaciones han establecido claramente que exi sten numerosas fuentes de arena distintas de la erosión mecánica y que pueden ser en algunos sitios más importantes que ésta.  Como ejemplo, podemos citar tres estudios recientes: uno en Hawai de Ong y Holland (201 0), otro en las Islas Madivas de Perry y colaboradores (2015) y otro en Australia de Dawson y colaboradores (2014).  Auxiliá ndose de técnicas como datación con carbono 14 y clasificación por origen  más probable en base a microscopía, talla y composición química de las partículas de arena, colectivamente, éstos estudios han demostrado que  en muchos de estos lugares también se crean partículas de arena a más corto plazo mediante procesos ecológicos locales de forma constante. Estos procesos (colectivamente llamados bioerosión) incluyen las arenas coralinas defecadas por peces loro, ladegradación de algas calcáreas (como Halimeda, tan común en nuestros pastos y arrecifes) y las esponjas endo líticas (que habitan dentro de los corales).  Pero también hay sitios en que las arenas están formadas mayormente por las testas o conchas de sílice de unos microorganismos marinos llamados foraminíferos.

Por esto, podemos estar en desacuerdo sobre la proporción de arena aportada por erosión mecánica frente a procesos ecológicos para un sitio y período específico, pero no podemos excluir categóricamente ninguno sin tener más informaciones. 

Pero más allá de este debate puntual sobre peces loro y arena, queremos expresar nuestra profunda preocupación sobre cómo estamos manejando en RD la información técnico-cien tífica.  En primer lugar, nos preocupó cómo el autor, lejos de aceptar evidencias científicas sobre el tema (a pesar de que le compartimos el artículo de Perry y colaboradores, publicado en la revista científica de la Sociedad Americana de Geología), se plantó en su posición y procedió a retar las credenciales científ icas de quien se atrevía a contradecirle.  Aquí dio la prueba más clara de que no sabe cómo trabaja la ciencia, pues los científicos deben constantemente revisar sus conclusionesa la luz de nuevas evidencias. En lugar de denostar a personas en desacuerdo, su rol es debatirlas con evidencias nuevas o más convincentes.  Para esto, deben apoyarse depublicaciones científicas recientes, sin importar que contradiga lo que hayan estudiado en el pasado. Plantarse así testarudamente en una posición sin contemplar lasevidencias nuevas es volver al medioevo, antes de que existiera el método científico, algo muy preocupante proviniendo de un miembro de la Academia de Ciencias de RD. Otro aspecto que nos preocupa es que este autor tome tan mal una opinión distinta a la suya, que decida callar ante la opinión pública nuestros argumentos y los de renombrados científicos enviando una nota de prensa a todos los medios del país.  En la nota además se agrega (o abulta) con una digresión sobre la salinidad de los océanos que no viene a cuento y no es del todo correcta.  

Pero quizás lo más grave de todo es que nuestros periódicos tomaran este artículo y sin revisión alguna, lo publicaran textualmente, sin ninguna verificación del contenido. Hoy, en la era del internet y con las facilidades de comunicación que hay, es inexcusable. Esta actitud pasiva y servil de nuestros me dios de comunicación en temas bien investigados desdice mucho la calidad de nuestra prensa y es sumamente peligrosa para una sociedad.   


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