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Evaluar, ¿por qué? Monitorear, ¿para qué?

Por Ángel R. Mirabal

Los resultados de evaluaciones recientes aplicadas a nuestros estudiantes (prueba diagnóstica de 3er. grado, 2017; Pruebas PISA, 2017) dan cuenta de los grandes desafíos a los que se enfrenta el Sistema Educativo Dominicano tanto a nivel primario como a nivel secundario. Para contextualizar, recordemos que en la prueba PISA del año pasado la República Dominicana ocupó el último lugar en los rankings de Ciencias y Matemática y el lugar 66 en Comprensión Lectora (de un total de 70 países).

Por otro lado, en la evaluación diagnóstica de tercer grado realizada por el MINERD en ese mismo año, apenas el 12% de los estudiantes evaluados en Lengua Española y el 27% de los evaluados en Matemática se situaron en un nivel satisfactorio respecto de las competencias que se esperaría que mostrasen en ese grado, en esas áreas. En el caso específico de la prueba diagnóstica, estos resultados a nivel nacional se desagregaron en diferentes niveles y fueron puestos a disposición de la comunidad educativa, incluyendo los centros evaluados.

El valor principal de iniciativas de medición como estas radica en la calidad de la información que nos proporcionan. Evaluar no es malo. Malo es evaluar y no hacer nada con los resultados, que es sinónimo de percibir la evaluación como un fin y no como un medio.

Los resultados de las evaluaciones deben utilizarse como insumo para desarrollar acciones concretas con el objetivo de minimizar los resultados no deseables y/o de garantizar la continuidad de los deseables. Esto supone, pues, el diseño y ejecución de sistemas de monitoreo que permitan verificar el grado en que esas acciones estén contribuyendo con uno u otro objetivo.

Ciertamente, las actividades de monitoreo y de evaluación están íntimamente ligadas desde su conceptualización. Ambas son continuas, cíclicas y se alimentan la una de la otra: los resultados de la evaluación establecen aquello que se debe monitorear, y el monitoreo indica aquello que se necesita evaluar.

Ojalá que, a lo interno de los centros educativos de nuestro país, resultados como los mencionados al inicio de este artículo hayan generado acciones más allá de la mera reflexión y el reconocimiento de desafíos y que se estén tomando las medidas pertinentes para dar seguimiento sistemático a los avances en los aprendizajes de nuestros estudiantes con miras a alcanzar los resultados que todos deseamos ver.


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