Marruecos: ecología y nuevos vinos | Diariode3

Social Media

FacebookTwitterRSSYoutube

Marruecos: ecología y nuevos vinos

CREATOR: gd-jpeg v1.0 (using IJG JPEG v62), quality = 65

El dromedario Goliat no fue contratado únicamente por el folclore: su función en el arado es esencial en la cadena de producción de los únicos vinos con certificado ecológico de Marruecos, elaborados en una región semiárida del suroeste del país.

“En Francia, los viticultores ecológicos utilizan caballos de tiro para arar el viñedo. Esto me dio la idea de comprar un dromedario”, explica Charles Melia, propietario y fundador de la bodega Val d’Argan, a menudo azotada por el ‘chergui’, el viento del desierto.

El animal no tiene muy buen carácter pero “realiza un trabajo colosal” arrastrando una reja tradicional que revuelve la tierra allá donde los tractores no llegan, según este profesional procedente de la región vitícola de Châteauneuf-du-Pape, en el sur de Francia, donde regentó durante mucho tiempo una bodega familiar.

Este francés de 70 años es el único que produce vino en estas tierras de olivos y arganes, cerca de la turística ciudad de Esauira. Las grandes regiones vitícolas marroquíes se encuentran mucho más al norte, cerca de Mequínez, Berkane o Ben Slimane.

En la actualidad, Marruecos posee unas 6.500 hectáreas de viñas, diez veces menos que en los años 50 del siglo pasado, cuando los barcos cargados con vinos marroquíes destinados a ensamblajes navegaban hacia los grandes puertos europeos.

Desde la independencia del país, en 1956, la superficie vitícola marroquí se redujo enormemente, a causa, entre otros, de la evolución de las normativas europeas sobre los vinos extranjeros.

“Marruecos es una tierra de vinos desde la Antigüedad, pero no hemos visto emerger vinos de calidad hasta hace poco, con una clientela para degustarlos y amantes dispuestos a pagar el precio”, afirma Laurent Sachot, gerente de una tienda especializada en Rabat.

En los últimos años, los productores “han invertido enormemente para mejorar las técnicas de vinificación”, subraya.

Aun así, el sector vitícola marroquí, que emplea a unas 20.000 personas, sigue estando muy por detrás de los cerca de 7,6 millones de hectáreas de viñedos cultivados en todo el mundo.

Melia forma parte de esa oleada de “nuevos viticultores” provenientes de Francia en los años 90 en busca de nueva tierra. Al principio, buscaba “un lugar agradable para su jubilación”, que imaginaba “en una bonita segunda residencia, cerca de un campo de golf y con algunas hileras de viña”.

Floreciente, el “viñedo del extremo” que se enorgullece de haber “creado de la nada” con sus cepas importadas del valle del Ródano en una región de condiciones climáticas difíciles, cubre hoy unas 50 hectáreas y produce unas 165.000 botellas anuales, con certificado ecológico.

“El año pasado, perdimos el 60% de la cosecha a causa del viento: el ‘chergui’ sopló durante tres días, con unas temperaturas que rondaban los 50 grados y las raíces se volvieron secas como guisantes”, afirma, con un deje fatalista.

Este año la vendimia no había terminadoaùn a finales de agosto porque “ha llovido demasiado y ni ha hecho bastante calor”, explica Abdelkader Chenega, su directior técnico.

Este treintañero que supervisa a los 60 operarios de la viña lo ignoraba todo de la viticultura hace unos años. Lo mismo le sucede a

Rony Tdamak, inmigrante del Camerún, de 22 años, que ha renunciado a su sueño de llegar a Europa para incorporarse a la finca, convertirse en comercial y “descubrir una nueva pasión”.

Para contrarrestar los caprichos de la meteorología, Melia hace un vino de gama baja con uva comprada en el norte del país. Lo vende en el supermercado por unos 80 dirhams (7,30 euros) lo que, añadido a la producción “casera”, le asegura un volumen de negocios regular del orden de 15 millones de dirhams (cerca de 1,4 millones de euros) al año.

Como sucede con todos los vinos marroquíes, la mayor parte de las ventas de Val d’Argan están destinadas al mercado interior.

Aunque la ley marroquí prohíbe la venta de alcohol a los musulmanes, es posible encontrarlo en los bares, restaurantes o tiendas con licencia, siempre y cuando se haga con discreción, tras unos cristales opacos o cortinas gruesas.

La producción vitícola local -de entre 300.000 y 400.000 hectolitros cada año- no basta para responder a la demanda. Según las estimaciones, en 2017 se importaron a Marruecos casi 99.000 hl, procedentes de diferentes regiones del mundo.


Comentarios